Curioseando por mi calibre, me sentí fuertemente atraído por las cubiertas de los libros de Erskine Caldwell, del que nada había oído o leído.
Parece ser que Erskine Caldwell fue uno de los grandes retratistas del sur de los estados unidos, junto con Steinbeck y Faulkner, aunque mucho menos conocido. En su tiempo, los años 30, fue muy leído en los EEUU.
En esta novela acompañamos a la familia Lester por sus desventuras sin fin. Propietarios de pequeñas plantaciones de tabaco desde hace generaciones, su progresivo empobrecimiento los ha expulsado de sus tierras y ahora son colonos, tan pobres que no tienen capital ni crédito para semilla y abono.
Pero el relato que Caldwell hace de los Lester es muy cruel. Su miseria solo es comparable a su estupidez. Y esto no es un juicio de valor más o menos arriesgado, sino una descripción exacta. Tan estúpidos como egoístas, violentos, faltos de voluntad y dignidad.
Por su puesto, en ocasiones, aparecen destellos de humanidad o de astucia, pero siempre fugaces. Jeeter Lester solo resulta admirable cuando explica cuanto, cómo y por qué ama su tierra. Y es que su amor por ella no tiene límite. Y ese amor, y la renuncia asociada a él, es factor determinante de su penuria y de la de su familia, ya que le impide abandonar el solar de sus antepasados para ir a trabajar en una hilandería de la capital.
La narración es adictiva. Muy ágil. Además, en ocasiones, destila un extraño sentido del humor.
A mi entender, la novela plantea la siguiente duda: ¿que fue antes, la pobreza y el sufrimiento o la estupidez, la violencia y la miseria moral? De hecho, en la novela aparecen otros personajes secundarios que, en semejantes condiciones, son capaces de mantener su dignidad. Es decir, ¿Jeeter Lester es un tipo normal al que el sufrimiento ha privado de sus hábitos morales o Jeeter Lester es un pobre imbécil, falto de inteligencia y voluntad, destinado al sufrimiento y la privación?
Inevitable acordarse del Tom Joad de Las uvas de la ira.
Novela muy notable.
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domingo, 28 de enero de 2018
lunes, 3 de agosto de 2015
El puerto de las brumas, Georges Simenon
En ocasiones, las tramas de Simenon, se te escapan un poco y no acabas de pillarlas. Me ha pasado eso.
Novela típica: nieblas, puertos, canales, hoteluchos,... y algún muerto.
domingo, 19 de julio de 2015
El loco de Bergerac, Georges Simenon
Novela curiosa. Argumento enrevesado.
En Bergerac ha habido recientemente asesinatos y agresiones. Maigret ha sido herido por el supuesto asesino y permanece en su habitación del hotel de Inglaterra. Pese a lo que pueda parecer este es un lugar perfecto para Maigret, ya que divisa la plaza y puede observar los movimientos de los notables del pueblo.
Maigret, enfebrecido, quiere resolver el misterio. De manera que con la inestimable colaboración de su señora esposa, se dedica a urdir pequeñas trampas y a alimentar sospechas y malentendidos. Así, poco a poco el ovillo se desovilla ante nuestros ojos.
En Bergerac ha habido recientemente asesinatos y agresiones. Maigret ha sido herido por el supuesto asesino y permanece en su habitación del hotel de Inglaterra. Pese a lo que pueda parecer este es un lugar perfecto para Maigret, ya que divisa la plaza y puede observar los movimientos de los notables del pueblo.
Maigret, enfebrecido, quiere resolver el misterio. De manera que con la inestimable colaboración de su señora esposa, se dedica a urdir pequeñas trampas y a alimentar sospechas y malentendidos. Así, poco a poco el ovillo se desovilla ante nuestros ojos.
lunes, 13 de julio de 2015
El asunto Saint-Fiacre, Georges Simenon
Nueva novela de Simenon.
Maigret es un comisario diferente. Su estilo es mucho más psicológico que racional. Es decir, no es un policía que descubra al asesino utilizando sus dotes de observación y de análisis. Es más bien un observador, a menudo en segundo plano, que hace poco más que moverse en el entorno del asesino, dejando que los propios protagonistas del asesinato, se desenvuelvan ante él de tal manera que, al final e ineluctablemente, acabamos haciéndonos una idea cabal de lo ocurrido.
Maigret es algo parecido a un catalizador. Debe estar presente para que los protagonistas lo utilicen de apoyo psicológico y lo que tenga que ocurrir, ocurra.
Maigret es un comisario diferente. Su estilo es mucho más psicológico que racional. Es decir, no es un policía que descubra al asesino utilizando sus dotes de observación y de análisis. Es más bien un observador, a menudo en segundo plano, que hace poco más que moverse en el entorno del asesino, dejando que los propios protagonistas del asesinato, se desenvuelvan ante él de tal manera que, al final e ineluctablemente, acabamos haciéndonos una idea cabal de lo ocurrido.
Maigret es algo parecido a un catalizador. Debe estar presente para que los protagonistas lo utilicen de apoyo psicológico y lo que tenga que ocurrir, ocurra.
martes, 15 de julio de 2014
La marcha Radetzky, Joseph Roth
Gran novela, sin duda. Aunque un pelín rara.
Roth nos permite acompañar a varios miembros varones de la dinastía de los Trotta, desde la batalla de Solferino, en la que el primer Trotta salva la vida al emperador y se convierte en un héroe, hasta el inicio de la Gran Guerra, en la que el último Trotta combatirá con más pesar que entusiasmo.
A lo largo de la lectura, especialmente en la primera mitad, tenía la sensación de ser un lector a la búsqueda del tema de una novela. Leía y leía, y no acababa de quedarme claro cual era el tema de la novela. Al final, el relato encuentra un centro estable en las andanzas del último Trotta y su más bien desventurada existencia.
Este Trotta es un hombre sin atributos. Pasa por la vida sin mancharse, pero la vida tampoco le mancha a él.
En cualquier caso, sin duda, el valor principal de la novela, en mi opinión, es reflejar de forma inmejorable la sensación de estar viviendo el fin de un momento histórico que transmiten sus personajes.
Y es que la existencia del último Trotta está enmarcada en en las décadas finales del Imperio Austrohúngaro, durante las cuales, en la calle, la gente percibía que algo estaba terminando, y que ese algo iba a ser reemplazado por otra cosa muy diferente. Había una conciencia colectiva de que,poco a poco, nada iba a ser como antes.
En la novela queda magníficamente retratada la labor desintegradora de las tensiones nacionalistas, potenciadas por la senilidad del emperador y del imperio. Es una novela triste, porque tras leerla, llegas a la conclusión de que los ciudadanos, ante está sensación de inminencia de cambio político histórico, nos comportamos con resignación y fatalismo y renunciamos, como colectivo a cualquier intento de control del cambio.
Roth nos permite acompañar a varios miembros varones de la dinastía de los Trotta, desde la batalla de Solferino, en la que el primer Trotta salva la vida al emperador y se convierte en un héroe, hasta el inicio de la Gran Guerra, en la que el último Trotta combatirá con más pesar que entusiasmo.
A lo largo de la lectura, especialmente en la primera mitad, tenía la sensación de ser un lector a la búsqueda del tema de una novela. Leía y leía, y no acababa de quedarme claro cual era el tema de la novela. Al final, el relato encuentra un centro estable en las andanzas del último Trotta y su más bien desventurada existencia.
Este Trotta es un hombre sin atributos. Pasa por la vida sin mancharse, pero la vida tampoco le mancha a él.
En cualquier caso, sin duda, el valor principal de la novela, en mi opinión, es reflejar de forma inmejorable la sensación de estar viviendo el fin de un momento histórico que transmiten sus personajes.
Y es que la existencia del último Trotta está enmarcada en en las décadas finales del Imperio Austrohúngaro, durante las cuales, en la calle, la gente percibía que algo estaba terminando, y que ese algo iba a ser reemplazado por otra cosa muy diferente. Había una conciencia colectiva de que,poco a poco, nada iba a ser como antes.
Este mundo ya no era el de antes. Estaba desapareciendo. Era ley que en el momento de desaparecer tuvieran razón los valles frente a las montañas, los jóvenes frente a los viejos, los necios frente a los sabios.
En la novela queda magníficamente retratada la labor desintegradora de las tensiones nacionalistas, potenciadas por la senilidad del emperador y del imperio. Es una novela triste, porque tras leerla, llegas a la conclusión de que los ciudadanos, ante está sensación de inminencia de cambio político histórico, nos comportamos con resignación y fatalismo y renunciamos, como colectivo a cualquier intento de control del cambio.



