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miércoles, 1 de diciembre de 2021

Acción de gracias, Richard Ford

Frank Bascomb ya es historia. Al menos para mí. Pero me ha dejado huella.

En esta tercera y última novela Frank sigue deambulando por NJ, vendiendo y alquilando casas, disfrutando de su recién alcanzada ataraxia, pero atenazado entre el cáncer de próstata y el miedo a la muerte.

Bascomb es contenedor de una extraña sabiduría, de una mezcla difícil de resignación cristiana y de esperanza y entusiasmo casi infantiles. 

Concluiré diciendo que Frank Bascomb es un buen tipo. No muy divertido, no demasiado interesante, pero siempre de fiar. Se está a gusto a su lado, acompañándolo en sus curiosos devenires. Siempre reflexionando, no siempre con sentido, pero en ocasiones demostrando una gran sabiduría.

jueves, 4 de noviembre de 2021

El día de la independencia, Richard Ford

Sea porque tengo algo de voyeur, o sea por otra cosa, lo cierto es que cuando me encariño con un personaje y con su forma de ver el  mundo, me gusta permanecer junto a él.

Es lo que me ocurre con Frank Bascombe. Acompañándolo, cómodamente instalado en su suburban, a lo largo de las costeras poblaciones de NJ, ponderando las virtudes inmobiliarias de cada suburbio, barrio o localidad, y valorando su potencial económico mientras valoramos las virtudes del periodo permanente  me siento cómodo, calentito, confortable, como en casa.

Lo mismo me ocurre cuando leo las reflexiones apesadumbradas y cargadas de temor, pero profundamente optimistas, de FB mientras se aproxima el tan ansiado como temido finD padre-hijo junto a Paul, el extraño retoño de FB.

FB sigue siendo el mismo. Derrotado, en este caso porque su segunda esposa le acaba de abandonar. A la deriva, cínico, resignado, con su buen corazón y su amor por el prójimo, excepto cuando el prójimo vota a Bush.

Una parte de la novela, quizá la más importante, gira alrededor de las dificultades comunicativas de los padres hacía los hijos. Frank siente un amor desbordado e incondicional hacia su hijo Paul, y por siente una admiración infinita hacía su padre. A pesar de ello, la relación es difícil e insatisfactoria para ambos. Como la vida misma.

Muy buena novela. 

jueves, 21 de octubre de 2021

El periodista deportivo, Richard Ford

Ya leí El periodista deportivo hace unos años, ver aquí. No me gusto. Pero vuelvo. La unanimidad del reconocimiento a su trilogía me obliga a darle otra oportunidad.

A veces no sabes si estás ante una novela, un tratado filosófico, un manual de autoayuda o un folleto propagandístico del medio oeste americano.

En la novela, pasar, lo que se dice pasar, no pasa mucho: la visita a la tumba de Ralph, el hijo muerto, en compañía de su exesposa, la jornada de pesca con el club de divorciados y la cena de pascua en compañía de la familia de su novia Vicky Arcenault.

Y poco más.

Bascombe es un hombre a  merced de los acontecimientos. No es que no pueda tomar las riendas de su vida, es que renuncia a hacerlo. Se siente a gusto meciéndose entre las suaves olas del destino.

Bascombe  no es feliz. Sus problemas, como los de casi todos, no tienen que ver con el dinero.

Quizá el mayor valor de la novela es el detalle con el que Ford desentraña sus pensamientos y su visión del mundo, en especial de las relaciones humanas, que tiene FB, y que en cierto modo, Ford convierte en paradigma de la normalidad. Puro Babbit.

miércoles, 30 de marzo de 2016

El periodista deportivo, Richard Ford

Las novelas de Richard Ford, tan reconocidas por público y crítica, no me enganchan.

No están mal. Se van leyendo, pero no consigo quedarme pillado.

El Periodista Deportivo es la primera de ellas. Aquí aparece Frank Bascombe por vez primera.

Quién es Bascomb? Por qué se ha convertido en billete a la fama para Ford? No lo se.

Podríamos decir que es un hombre de mediana edad, en medio de una crisis existencial desatada por la muerte de su hijo adolescente, divorciado de su todavía querida exmujer, y que tras hacer un intento de dedicarse a la literatura con mayúsculas, la novela, ha decidido dedicarse a la literatura con minúsculas, el periodismo deportivo, que le parece más fácil, le mola más y saca más pasta.

Y que más? Poco más. El hombre intenta rehacer su vida.
Estamos ante un hombre normal, en su normalidad máxima. Pero sin la brillantez literaria de, por poner un solo ejemplo, Sinclair Lewis y su Babbitt.

Nada del otro mundo, vamos.