Sigo con Revel. Este libro, de 2002, es su última obra.
Estamos ante un elogio de los EEUU como faro del progreso y la democracia a lo largo del último siglo. Y también de una hiriente crítica a la obsesión antiamericana que anida en las democracias europeas, tanto más cuanto más francesas e izquierdistas sean.
Revel nos acompaña en un recorrido extenso por diferentes ámbitos políticos (economía, política exterior, seguridad, welfare state, ...) poniendo el foco en la habilidad de los europeos para ver la paja ajena en el ojo americano e ignorar olímpicamente la viga en el enfermo ojo europeo.
Todo ello con un estilo ágil e irónico que hace la lectura fácil y entretenida.
Su punto de vista, en lineas generales, me parece convincente. El único pero del libro es el poco interés de Revel por profundizar en alguno de los múltiples problemas de la democracia norteamericana y/o de alguna de sus numerosas actuaciones deshonrosas que, por lo demás, Revel reconoce.
Pero ese no es el propósito del libro, supongo.
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martes, 20 de noviembre de 2018
domingo, 30 de septiembre de 2018
¿Para qué filósofos?, Jean-Francois Revel
De un tiempo a esta parte estoy interesado en el liberalismo político. Hace unos meses leí La llamada de la tribu. En esta biografía intelectual, MVLL señala al recientemente fallecido JFR como uno de sus pensadores de referencia.
Cada vez me cuesta más abandonar el feraz territorio de la novela decimonónica por el agreste, incómodo y trabajoso paisaje del ensayo, pero de vez en cuando, como diría un viejo amigo, hay que.
Este librito, de apenas 150 páginas, fue publicado por su autor en 1957, cuando JFR tenía 33 años y dicho libro supuso el portazo de salida de su autor de la universidad francesa hacia la fría intemperie.
JFR, hasta entonces, había seguido la senda habitualmente encaminada hacia las alturas del escalafón académico francés. A partir de entonces, Revel se convirtió en un intelectual provocador e iconoclasta, cada vez más crítico con la izquierda política.
El libro en cuestión, al que MVLL llama, de manera encomiástica, panfleto, es una critica de la inanidad de la filosofía contemporánea.
Para Revel, hace ya más de un siglo que la filosofía se convirtió en poco más que un solipsista juego lingüístico sin relevancia ninguna para la comprensión de la realidad o la vida de la gente.
La filosofía nació en un momento en el que la ciencia no existía, y se hizo adulta cuando la ciencia, ya madura, agradecía una reflexión sobre sus fundamentos y sus métodos. Pero hace ya bastantes décadas que todos y cada uno de los campos de conocimiento humano están tan desarrollados que desde dentro del propio campo es posible el análisis de métodos y fundamentos, en el caso de ser necesario.
Produce gran admiración, tanto en profundidad como en extensión, el bagaje cultural adquirido por alguien que apenas ha rebasado la treintena.
Cada vez me cuesta más abandonar el feraz territorio de la novela decimonónica por el agreste, incómodo y trabajoso paisaje del ensayo, pero de vez en cuando, como diría un viejo amigo, hay que.
Este librito, de apenas 150 páginas, fue publicado por su autor en 1957, cuando JFR tenía 33 años y dicho libro supuso el portazo de salida de su autor de la universidad francesa hacia la fría intemperie.
JFR, hasta entonces, había seguido la senda habitualmente encaminada hacia las alturas del escalafón académico francés. A partir de entonces, Revel se convirtió en un intelectual provocador e iconoclasta, cada vez más crítico con la izquierda política.
El libro en cuestión, al que MVLL llama, de manera encomiástica, panfleto, es una critica de la inanidad de la filosofía contemporánea.
Para Revel, hace ya más de un siglo que la filosofía se convirtió en poco más que un solipsista juego lingüístico sin relevancia ninguna para la comprensión de la realidad o la vida de la gente.
La filosofía nació en un momento en el que la ciencia no existía, y se hizo adulta cuando la ciencia, ya madura, agradecía una reflexión sobre sus fundamentos y sus métodos. Pero hace ya bastantes décadas que todos y cada uno de los campos de conocimiento humano están tan desarrollados que desde dentro del propio campo es posible el análisis de métodos y fundamentos, en el caso de ser necesario.
Produce gran admiración, tanto en profundidad como en extensión, el bagaje cultural adquirido por alguien que apenas ha rebasado la treintena.

