Simenon es un escritor apasionante. Cuando abres una de sus novelas, especialmente las no-Maigret, no sabes lo que te vas a encontrar.
Bueno, sí que sabes algo: te vas a encontrar una narración breve, entretenida y ágil. Además, extraordinariamente ambientada y siempre tensa. Pero, respecto a las 5Ws, nada.
En este caso estamos en Batum, ciudad soviética a las orillas del mar Negro, en los años 30 del siglo pasado. Un triste funcionario consular turco acaba de ser destinado allí.
La tristeza, el aislamiento y la claustrofobia política y humana del lugar pasarán factura a Adil Bey, que acabará enamorándose de su secretaria. Las consecuencias serán funestas.
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domingo, 17 de febrero de 2019
martes, 24 de julio de 2018
La casa del canal, Georges Simenon
Edmée acaba de quedar huérfana, con apenas 16 años, y debe hacer un viaje a Bélgica, donde vive su familia más próxima, en una casa junto a uno de los múltiples canales de la zona.
Una vez allí, la convivencia ente la huérfana y su familia de adopción será difícil. Las mujeres, excepto Edmée, no cuentan. El tío de Edmée acaba de morir. El primo Jef es introvertido y misógino, siempre a la sombra de su hermano mayor. El primo Fred actúa como cabeza de familia pero no parece de fiar.
Y Edmée, al poco de llegar, toma conciencia, de manera casi repentina, de la posición de poder en la que la coloca su sexualidad. Y se permitirá jugar con ese poder de una manera irresponsable.
Toda la narración sugiere tensión, sexualidad y violencia.
La maestría de Simenon solo necesita una decena de hojas para manifestarse en su plenitud. Resulta soberbia la utilización de los elementos atmosféricos para realzar la sensación de soledad, tristeza e indefensión de Edmée en su viaje inicial por tierras francobelgas.
Y la presencia de los elementos naturales a lo largo de la obra será constante: el agua del canal, el frío, el hielo, la lluvia, la niebla... Estamos ante personajes de la novela que siempre están ahí, sin llevar a cabo acciones, pero creando un tapiz de fondo de tristeza agobiante.
Una vez allí, la convivencia ente la huérfana y su familia de adopción será difícil. Las mujeres, excepto Edmée, no cuentan. El tío de Edmée acaba de morir. El primo Jef es introvertido y misógino, siempre a la sombra de su hermano mayor. El primo Fred actúa como cabeza de familia pero no parece de fiar.
Y Edmée, al poco de llegar, toma conciencia, de manera casi repentina, de la posición de poder en la que la coloca su sexualidad. Y se permitirá jugar con ese poder de una manera irresponsable.
Toda la narración sugiere tensión, sexualidad y violencia.
La maestría de Simenon solo necesita una decena de hojas para manifestarse en su plenitud. Resulta soberbia la utilización de los elementos atmosféricos para realzar la sensación de soledad, tristeza e indefensión de Edmée en su viaje inicial por tierras francobelgas.
Y la presencia de los elementos naturales a lo largo de la obra será constante: el agua del canal, el frío, el hielo, la lluvia, la niebla... Estamos ante personajes de la novela que siempre están ahí, sin llevar a cabo acciones, pero creando un tapiz de fondo de tristeza agobiante.
miércoles, 31 de enero de 2018
La parcela de Dios, Erskine Caldwell
Continuo con Erskine Caldwell, pero La parcela de Dios, no me parece, por mucho, tan buena como El camino del tabaco.
Los mismos escenarios. El sur de los EEUU. Los mismos personajes. White trash. El mismo marco temporal. Primer tercio del XX. Pero una historia más floja. Menos épica.
Aquí estamos ante las desventuras de la familia Walden. Ty Ty, el patriarca, está obsesionado con encontrar pepitas de oro en su finca. A su alrededor, hijos e hijas, hijos e hijas políticos y familias de aparceros negros.
Narración muy violenta y con un fuerte componente sexual, aunque nunca explícito.
Lo mejor, el memorable Ty Ty Walden en su infinita sabiduría.


