Nada que ver con las anteriores dos novelas.
Buena novela de aventuras con el trasfondo de las guerras carlistas.
Nada que ver con las anteriores dos novelas.
Buena novela de aventuras con el trasfondo de las guerras carlistas.
Segunda novela de La tierra vasca. Poco tiene que ver con la floja La casa de Aizgorri.
En cambio, aquí, en mi opinión estamos ante una gran novela.
Baroja nos pone en medio de un gran drama familiar: el choque entre dos hidalgos, hermanastros para más señas. Por un lado Ramiro, amoral y nietzscheano. Por otro Juan, tierno y triste. Y las mujeres de la familia como cómplices activas o pasivas.
La recreación de Labraz, ficticia pequeña ciudad de Álava, oscura, triste y moribunda, resulta magistral.
Baroja acostumbraba a agrupar sus novelas en grupos de manera más o menos arbitraria. Esta, su primera novela, se incluye en su trilogía-tetralogía La tierra vasca.
La casa de Aizgorri es una novela extraña. Breve, dialogada como obra de teatro, triste y apagada como la tierra vasca bajo la niebla.
Una pequeña historia familiar, enmarcada en los conflictos laborales y económicos que la modernidad plantea en una sociedad cerrada y construida sobre el respeto a las tradiciones.
Y al fondo, algunos de los temas y rasgos narrativos que Baroja hará suyos a lo largo de los años. Entre los primeros, la degeneración de la raza y el fatalismo. Entre los segundos, la agilidad y el dinamismo.
En cualquier caso, novela floja, según mi parecer. A veces da la impresión de ser poco más que un esbozo de novela.
Las condiciones en que se desliza la vida actual hacen a la mayoría de la gente opaca y sin interés. Hoy a casi nadie le ocurre algo digno de ser contado. La generalidad de los hombres nadamos en el océano de la vulgaridad. Ni nuestros amores, ni nuestras aventuras, ni nuestros pensamientos tienen bastante interés para ser comunicados a los demás, a no ser que se exageren y se transformen. La sociedad va uniformando la vida, las ideas, las aspiraciones de todos.