Hace un tiempo leí Los muchachos de zinc, de la recientemente nobelizada Alexiévich.
Me remito a lo que escribí en aquel momento acerca del singular camino elegido por la periodista bielorusa para abordar la realidad.
En aquel caso Afganistán. En este caso Chernobil. Igual de interesante. Igual de emotivo. Igual de impactante.
En relación a Chernobil, tan de moda ahora por la serie homónima, llama la atención que algunos puntos de vista, a mi juicio sorprendentes, son expresados con reiteración por los protagonistas.
Por ejemplo, su convencimiento de pertenecer a un gran país, un gran país que saldría victorioso, como siempre lo había hecho.
Por ejemplo su orgullo y su compromiso con el estado soviético. No con Rusia, sino con el comunismo y con el estado soviético.
Por ejemplo su estrecha vinculación con la tierra, el paso de las estaciones, los animales y las plantas y, por supuesto, los muertos.
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viernes, 12 de julio de 2019
lunes, 13 de junio de 2016
Los muchachos de zinc,Svetlana Alexievich
El premio Nobel del año pasado fue a parar a Svetlana Alexievich, periodista bielorusa.
En su momento no me interesó. Pero el otro día, buscando gasolina literaria, me topé con uno de sus libros, sobre la movida de Afganistán y, por algún motivo, éste me interesó.
Acabo de terminarlo. Este libro me ha provocado un impacto emocional profundo. No es que no supiera que terrible es la guerra, cualquier guerra, pero el libro me ha proporcionado una comprensión diferente del asunto. Diferente por ser de otro tipo, más emotiva, no por ser una comprensión más profunda.
Los libros de Alexievich son mosaicos. Sus teselas son monólogos, normalmente breves, a cargo de diversos protagonistas de los hechos que el libro ilumina. Los monólogos, en este caso, se han extraído de entrevistas, presenciales o telefónicas, mantenidas por la autora, a lo largo de años, con los protagonistas.
El resultado es muy emotivo y cercano al lector. En mi opinión, una parte importante de la potencia del texto descansa en la especial técnica entrevistadora usada por Alexievich. La periodista se acerca al protagonista, se gana su confianza y le invita a contar su historia. El resultado, en muchas ocasiones, es algo parecido a la rotura de un dique. La historia, macerada a lo largo de años, fluye de manera convincente, y a veces inconexa, pero siempre con fuerza.
Muy recomendable.
En su momento no me interesó. Pero el otro día, buscando gasolina literaria, me topé con uno de sus libros, sobre la movida de Afganistán y, por algún motivo, éste me interesó.
Acabo de terminarlo. Este libro me ha provocado un impacto emocional profundo. No es que no supiera que terrible es la guerra, cualquier guerra, pero el libro me ha proporcionado una comprensión diferente del asunto. Diferente por ser de otro tipo, más emotiva, no por ser una comprensión más profunda.
Los libros de Alexievich son mosaicos. Sus teselas son monólogos, normalmente breves, a cargo de diversos protagonistas de los hechos que el libro ilumina. Los monólogos, en este caso, se han extraído de entrevistas, presenciales o telefónicas, mantenidas por la autora, a lo largo de años, con los protagonistas.
El resultado es muy emotivo y cercano al lector. En mi opinión, una parte importante de la potencia del texto descansa en la especial técnica entrevistadora usada por Alexievich. La periodista se acerca al protagonista, se gana su confianza y le invita a contar su historia. El resultado, en muchas ocasiones, es algo parecido a la rotura de un dique. La historia, macerada a lo largo de años, fluye de manera convincente, y a veces inconexa, pero siempre con fuerza.
Muy recomendable.

