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martes, 29 de junio de 2021

Juan Belmonte, matador de toros, Manuel Chaves Nogales

Sigo con Chaves Nogales.

Otra prueba de su gran talento es conseguir interesarme con la crónica de la vida de uno de los grandes toreros españoles de principios del XX.

La crónica me apasiona más por lo que nos dice de España que por lo que nos dice de Belmonte. Por lo que nos dice de esa España en la que una figura del toreo era lo más grande que se podía ser. Aquella en la que algunos chiquillos estaban devorados por el ansia de torear, hasta el punto de ser capaces de caminar toda la noche, tras pasar el día ganándose el jornal, para llegar a una finca en la que desnudos a la luz de 
la luna, poder dar unos pases al morlaco. Y por su puesto, a jugarse la vida, varias veces. La primera al cruzar el río a nado y a oscuras. La segunda, al ponerse delante del toro. Y la tercera al arriesgarse a que el dueño de los animales o la guardia civil, le metieran un tiro entre pecho y espalda antes de preguntar.

Y es que, ya lo decía Espartero, torero sevillano de finales del XIX: más cornadas da el hambre.

jueves, 10 de junio de 2021

El maestro Juan Martínez, que estuvo allí, Manuel Chaves Nogales

Conocí a Chaves Nogales a través de un formidable libro de crónicas acerca de nuestra guerra civil (aquí). Me aficioné a él. Y ahora he leído esta divertida historia.

Juan Martínez es un gitano burgalés con mucho arte para el flamenco. Y estamos en los primeros años del siglo XX.

Juan se enamora de una gitanilla, la Sole, a la que rapta y con la que huye a París. Allí, los Martínez actuan en cabaretes y se ganan bien la vida gracias al talento de Juan. 

Pero poco a poco la vida se va complicando en Paris, así que los Martínez van cambiando de destino, siempre a la búsqueda de lugares en los que el arte flamenco sea valorado. Primero Turquía, luego Rusia.

Y estando en Rusia llega 1917 y estalla la mundial. A partir de aquí todo serán aventuras siempre dramáticas y siempre narradas con maestría y sentido del humor, entre Petrogrado y Moscú.

Los Martínez no se meten en política, pero Juan deja traslucir un cierto desprecio por los bolcheviques. Allí donde éstos aparecen, la gente desaparece de las calles mientras las colas, el desabastecimiento y el hambre se extienden por doquier. Mientras cierran los teatros y cabaretes la guardia roja abusa de su autoridad de manera arbitraría. Por no hablar de la tristeza que despierta ver como en cuestión de días una ciudad burguesa, hermosa, llena de fiestas, teatros y conciertos se convierte en una ciudad oscura y triste, en la que da miedo salir a la calle.

Por ser justos, Juan tampoco ahorra críticas a la brutalidad de los blancos.

Al poco, los Martínez, intentando salir de Rusia, irán hacia el sur. Primero Kiev, luego Odesa. Allí, sufrirán la guerra civil más que en ningún sitio, porque los blancos y los rojos, se laternarán en sucesivos avances y retrocesos durante los 6 años de guerra civil.

En definitiva, una buena lectura para aquel que todavía tenga una visión romántica de lo que es una revolución.

miércoles, 27 de julio de 2016

A sangre y fuego, Manuel Chaves Nogales

Manuel Chaves Nogales, en opinión de casi todo el mundo, es uno de los más grandes periodistas/cronistas de la primera mitad del s. XX en España.

Chaves Nogales, demócrata liberal, se ve obligado a abandonar España en el 37 y, tras un periplo por Francia e Inglaterra, un cáncer de Estómago acaba con él en el 44.

Solo recientemente sus obras has despertado el interés y la admiración que se merecen.

No era fácil ser republicano, liberal y demócrata en la España de los pasados 30. Aquí está el auténtico valor de Chaves Nogales. En su proximidad política con el bando republicano, en su equidistancia frente a los excesos de rojos y nacionales y en su cercanía y compasión hacia las víctimas de ambos bandos.

A sangre y fuego, una de sus obras más conocidas, es una recopilación de relatos sobre la guerra civil. Los relatos desbordan fanatismo y locura, pero también piedad por las victimas y su sufrimiento.

La narrativa, cuento o novela, nos entretiene. Pero si esa fuera su única utilidad no se habría convertido en una de las manifestaciones artísticas más importantes para los seres humanos. Además, cuando está bien hecha, nos facilita un acceso a porciones de la realidad histórica. Y ese acceso, si bien menos riguroso que el proporcionado por un ensayo o una obra de divulgación, puede ser tan vívido que nos proporcione conocimiento auténtico.