Mostrando entradas con la etiqueta ale. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ale. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de junio de 2020

El tambor de hojalata, Gunter Grass

Tercer intento. Pero siempre me siento derrotado. Se supone que El tambor de hojalata es una de las cumbres de la literatura europea de las últimas décadas, pero...

Es estilo de Grass es muy particular. Grass escarba en su memoria, rescata algunos de sus recuerdos, los engarza entre si, y los narra con brillantez y pretensión de verosimilitud.

El resultado es muy original, a ratos muy entretenido. La prosa es delicada, pero un amante del realismo literario echa a faltar cohesión y solidez.

Aún así, no seré yo el que diga algo feo de la obra de este premio Nobel.

viernes, 12 de junio de 2015

Montaña mágica, Thomas Mann

Tercera lectura de una de mis novelas favoritas.

Esta novela tiene fama de difícil. Ciertamente, lo es.

¿De que va? El tiempo, la enfermedad y la muerte. Pese a ello, no es una novela triste ni aburrida.

Hans Castorp, joven ingeniero, vástago de cualquier familia burguesa de cualquier ciudad hanseática, acaba de terminar sus estudios. Ha decidido tomarse unas semanas libres y aprovecharlas para visitar a su primo, Joachim Ziemssen, internado en un sanatorio para tuberculosos en Davos.

Inexplicablemente, para Hans y para el lector, nuestro héroe se verá cautivo del ambiente reinante 'allá arriba' y permanecerá durante dos años alejado de 'allá abajo'.

En ese tiempo, su primo sanará, volverá a enfermar y morirá. Mientras, Castorp enfermará, sanará y se enamorará platónicamente de Clawdia Chauchat.

Estamos ante una novela de aprendizaje, lo que los alemanes llaman Bildungsroman. A lo largo de sus mil páginas, seguiremos de cerca las andanzas de nuestro héroe y seremos testigos de su evolución sentimental e intelectual.

A lo largo de la novela, Naphta, jesuita radical y totalitario, y Settembrini, humanista libertario lucharán encarnizadamente por el alma del héroe mediante discusiones, a ratos interesantes, a ratos pedantes y aburridas.

Grandísima novela.

jueves, 30 de abril de 2015

Los Buddenbrooks, Thomas Mann

Los Buddenbrook es una novela absolutamente maravillosa. También lo es La montaña mágica, pero allí, el esfuerzo requerido al lector es muy notable. Aquí, todo es placer.

Estoy escribiendo esto varios meses después de finalizar la lectura, pero todavía me parece estar en el salón de la vieja casa de los Buddenbrook, escuchando al pequeño hanno ejecutar sus arpegios al piano, al borde del éxtasis.

Es solo un ejemplo. La cuestión es que la narración nos permite comprender sin esfuerzo y con gran disfrute, como era la burguesía europea del siglo XIX y como era la vida en una ciudad hanseática.

Asistimos, desde un lugar privilegiado, a la madurez y, luego, al declive de la familia Buddenbrook. Lo hacemos a través de las peripecias vitales de cada uno de sus miembros.

Intento analizar el estilo narrativo de Thomas Mann. No se como lo hace, pero lo cierto es que tengo la sensación de haber acompañado a todos y cada uno de los Buddenbrook a lo largo de sus aventuras. Supongo que el genio es algo parecido a esto.

Absolutamente recomendable. Para tutilimondi.

martes, 17 de marzo de 2015

Muerte en Venecia, Thomas Mann

Pocas veces una novela tan breve me ha parecido tan grande.

Gustav Aschenbach, académico, soltero, devoto a una vida de sacrificio y trabajo, en medio de una crisis existencial viaja a Venecia en busca de descanso.

Allí, se enamorará de un joven turista polaco, Tadzio, que será su perdición.

Novela compleja, llena de símbolos, rica en interpretaciones. A pesar de ello de fácil lectura.

Aproximación a la homosexualidad y la pederastia de exquisita sensibilidad.

martes, 24 de junio de 2014

Memorias, Albert Speer

Albert Speer, ministro de Armamento del IIIer Reich hasta la caída de Berlín, fue el único jerarca cercano a Hitler, no directamente vinculado con el partido Nazi. De hecho, Speer comenzó su carrera como arquitecto al servicio del gobierno. Solo más tarde, la especial sintonia entre Hitler, arquitecto frustrado, y Speer, arquitecto notable, colocó a éste en un lugar privilegiado desde el que pudo, gracias a sus innegables dotes técnicas y organizativas, ascender hasta la cúspide del organigrama Nazi.

Al final de la guerra Speer ocupó mucho espacio en los medios de comunicación por no hallarse demasiado lejos de la petición de disculpas, del arrepentimiento y del trabajo en favor de la reconstrucción de Alemania.

Sus memorias, escritas a lo largo de muchos años en la carcel de Spandau, son un testimonio de gran interés aunque debe ser puesto en entredicho en muchos aspectos.

El interés principal de los primeros capítulos está en su relato de las relaciones con Hitler. El fuhrer, apasionado de la arquitectura, quiere a Speer trabajando para él y para el Reich porque valora la capacidad del arquitecto para construir para la eternidad. Hitler estaba convencido de que la única manera eficaz que tienen los imperios de trascender su marco temporal es mediante la arquitectura. Y Speer era capaz de proporcionar ese tipo de monumentos neoclásicos, de dimensiones inhumanas, que provocaban en sus compatriotas una mezcla de pavor y admiración que era muy querida por Hitler.

Con el avance de la guerra, el foco de la narración se va desplazando hacia un retrato minucioso y detallado del día a día en las cercanías de Hitler y del funcionamiento del Gobierno del Reich.

Hacia el final de la guerra, la narración gana tono emotivo y se centra en los desencuentros entre Speer y Hitler y en los esfuerzos del primero por hacer valer sus decisiones, siempre orientadas hacia la eficacia técnica, y saboteadas por el leviatán de la burocracia nazi y a las decisiones, cada vez más alocadas e irreflexivas, del propio Fuhrer.

Las memorias concluyen con un relato del juicio en Nuremberg y la estancia de Speer en estancia en Spandau, con gastos pagados, por casi 20 años.

Llama la atención alguna ausencia. Por ejemplo, todo lo relativo a la Shoah. En cambio, merece el elogio el reconocimiento explicito de culpabilidad y cobardía moral que hace Speer cuando dice que
... en el fondo, los que me interrogan esperan que me justifique. Sin embargo, no tengo ninguna escusa...

miércoles, 4 de junio de 2014

Berlín Alexanderplatz, Alfred Doblin

Berlín Alexanderplatz es una de esas novelas dificiles, un poco incomodas, por las que cuesta transitar, pero por las que vale la pena esforzarse. Y es que la literatura, a veces, no es una actividad ligera ni refrescante, sino esforzada y exigente. Pero vale la pena. Siempre.

En este caso estamos ante un autor de obra única, ya que aunque escribió mucho, el resto de su obra es completamente desconocido. Doblin, psiquiatra de profesión y conocedor de Berlín y su lumpen por devoción, nos cuenta en esta novela la historia de Franz Biberkopf.

Nos encontramos con Biberkopf tras su salida de la cárcel de Tegel, decidido a ser un tipo honrado por el resto de sus días. Tras notables esfuerzos y varias peripecias, Franz acabará de nuevo envuelto en diversos episodios de dudosa legalidad. Asistiremos a robos, peleas, borracheras, amores y desamores, peleas y, al fin, la cárcel.

La narracíon tiene un cierto tono épico que nace de la determinación de Franz a ser un hombre honrado. El lector recibe la impresión de que es imposible mantenerse al lado correcto de la linea que separa legalidad y delito, al menos en el submundo en el que Franz se desenvuelve.
Es segadora, se llama Muerte, tiene la fuerza de Dios que es fuerte. Ya no vacila, su arma afila.
Pero el interés de la obra descansa, en gran parte, en la forma estilística de la novela. Para empezar, Doblin utiliza un narrador omnisciente, que deambula por la novela y se coloca donde quiere para comentar, explicar y hasta interrumpir la narración. Además, Doblin utiliza una intertextualidad muy atrevida, incorporando todo tipo de noticias, anuncios y canciones, que intentan dar una imagen precisa del ambiente del Berlín de entreguerras. También es destacable un intento de stream of conciousness, a la manera de Joyce, pero, a mi juicio, menos conseguido.

domingo, 16 de junio de 2013

Las desventuras del joven Werther, Johann Wolfgang Goethe


Vivo en constante asombro ante la capacidad de ciertos elementos comunicativos (una serie de tv, una película, una acción o declaración de una celebrity,...) para influir hasta límites difícilmente comprensibles sobre muchas personas, normalmente jóvenes y adolescentes, aunque cada vez adultos en mayor medida. Además, suelo cometer el error de pensar que este es uno más de los múltiples signos que muestran nuestra decadencia como civilización y que este fenómeno es reciente. Pues no.

Acabo de terminar Las desventuras del joven Werther, novela que ya leí hace bastantes años y que me dejo indiferente. En cambio, ahora, me ha resultado apasionante, a excepción del pasaje, ciertamente soporífero, en el que el protagonista lee a su amada unos poemas del ciclo de Ossian, al parecer muy importante en la mitología Irlandesa. Me ha interesado mucho saber que esta novela fue un auténtico fenómeno de masas en el momento de su publicación (1774). El éxito de la novela fue tal que se puso de moda vestir y morir como su protagonista: frac azul, chaleco amarillo y suicidio.

La novela fue escrita por Goethe cuando solo tenía 24 años y hoy en día es la más conocida de su autor, a pesar de que las obras completas de Goethe ocupan 60 volúmenes.

Estamos ante una novela epistolar en la que Werther narra a su amigo Willhem sus, como el título indica, desventuras, en pos del amor de Carlota. Werther, ante todo y sobre todo, es un hombre de honor y enseguida comprende que su amor no es posible. Esa misma concepción del hombre, su honor y su voluntad como algo inflexible, absoluto e inquebrantable, conduce a Werther al suicidio. Además, este suicidio no es una huida cobarde sino una salida de escena triunfal y heroica. Werther tiene otras opciones aparte del suicido pero su visión del mundo no le permite aceptarlas, ni siquiera percibir su existencia.

Esta novela es clave dentro del movimiento precursor del romanticismo, conocido en Alemania como Sturm und Drang (traducido algo así como tempestad y sentimiento), caracterizado por una intensidad en las vivencias y en los sentimientos descritos, así como un gran protagonismo de la naturaleza y una fuerte voluntad de trascendencia hacia ella.

lunes, 14 de marzo de 2011

¡Indignaos!, Stephane Hessel


En ocasiones, fenómenos editoriales, por motivos difíciles de desentrañar, se convierten en una especie de virus cultural que se propagan a una velocidad pasmosa.

Acaba de ocurrir con un libro-panfleto titulado ¡Indignaos!.

Inicialmente fue publicado en Francia con 30 páginas de extensión y escrito por un activista nonagenario y ex-resistente. Por su breve extensión, por su ridículo precio o por su interés, el caso es que en el vecino país se convirtió con rapidez en un fenómeno de ventas sin precedentes.

En España, quizá sin tanto entusiasmo, el tal Hessel triunfó también. La pregunta que tocaba hacerse es,.. ¿qué interés tiene el librito?

La tesis básica del libro es la siguiente: la cosa está muy malita y los responsables de habernos traído hasta aquí son los políticos y los banqueros. Por tanto, protestemos, chillemos, pataleemos e indignemonos.

A mi, el libro me ha decepcionado. Principalmente porque no hace ni una sola propuesta que merezca la pena recordarse. Y en mi opinión, le indignación, en este caso, debe  ir acompañada del reconocimiento de culpa más o menos colectiva y de alguna propuesta de actuación. Si no, no tiene ningún valor.

domingo, 23 de enero de 2011

A paso de cangrejo, Gunter Grass

El tema de esta novela de muy conocido autor alemán es el hundimiento de una acorazado alemán en la primera guerra mundial.

A priori, un tema de mi interés y un autor formidable. Por tanto, disfrute asegurado.

Pero Gunter Grass es tan grande, entiendo yo, que se ve en la obligación de no limitarse a narrar con maestría la aventura del citado acorazado alemán.

En cambio, Grass se esfuerza en convertir la novela en algún tipo de sudoku literario experimental, que me ha dejado un poco frío.

Aún así vale la pena la lectura.

miércoles, 5 de enero de 2011

La montaña mágica, Thomas Mann

Acabo de releer una de las grandes novelas del siglo (pasado): La montaña mágica.

En su día, hace 7 u 8 años, la leí casi entera, y aunque guardo muy buen recuerdo, no llegué a terminarla.

La he leído a lo largo de estas navidades y he disfrutado del libro muchísimo. Hans Castorp, el sanatorio y el clima creado en la novela me parecen algunas de las más grandes creaciones literarias que conozco.

La historia, es bien sabido, comienza cuando Hans, joven ingeniero perteneciente a la burguesía industrial hanseática, aprovecha unas vacaciones para hacer una, breve en principio, visita a su primo en el sanatorio donde este convalece a causa de una enfermedad respiratoria.

En la novela pasan pocas cosas. En realidad, casi ninguna. ¿Donde está, pues, el interés y la capacidad adictiva de la novela? Sin duda en en la progresiva disolución de Hans en la  vida del sanatorio. De modo un poco Kafkiano, el viejo Hans desaparece, y aparece un nuevo Hans, con otra actitud hacia la vida, más vital, pero también más reflexiva espiritual e introvertida. Podríamos decir que el sanatorio imprime carácter.

Es fantástico el relato de la vida de Hans en el sanatorio y de sus importantísimos ritos: el paseo, la comida, las visitas medicas, los reposos al aire libre,...

Impecable la descripción del clima que reina en el sanatorio. No encuentro adjetivos para describirlo. Los que me vienen a la mente son morboso y lujurioso, pero no estoy seguro de que sean los adecuados.

Absolutamente maravillosa la visita del cónsul Tiennapel, tío de Hans. No menos maravillosa la escena de la tormenta de nieve.

Y todo ello trufado de reflexiones y discusiones acerca de las grandes cuestiones: el tiempo, el amor, el progreso, la guerra, la enfermedad, la filosofía, ...

Absoluta e ineludiblemente recomendable.