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miércoles, 30 de septiembre de 2020

Gorazde, Joe Sacco

Joe Sacco es un dibujante famoso por sus novelas gráficas ambientadas en zonas de guerra. Es un gran dibujante de escenas, pero las figuras humanas y especialmente los rostros, en mi opinion, no son su fuerte.

En el caso de Gorazde estamos ante una novela gráfica con pretensión periodística. 

Dibujada en blanco y negro, con el estilo personalísimo de su autor, va construyendo, al modo expresionista, una imagen compleja de los sucedido a lo largo de aquellos ominosos años. Y lo hace a partir de pequeños fragmentos, presentes y pasados, documentados o rememorados.

No se cual era la pretensión de Sacco. Si lo era ayudar al lector a comprender lo ocurrido en Bosnia, creo que no lo consigue. Si lo era transmitir, aunque solo sea en una pequeña parte, el horror allí vivido, sí que lo consigue.  

miércoles, 5 de febrero de 2020

El club de los canallas, Jonathan Coe

Esta es la novela que lanzó a la fama a Jonathan Coe, allá por 2001.

Benjamin, Doug y Philip están en sus últimos años de colegio. Pero su colegio no es un colegio normal. Es el King William, un colegio privado al que acuden los hijos de aquellos que son alguien en Birmingham.

En el King William ser delegado de clase es el máximo honor que un estudiante puede tener. Allí, los profesores de literatura invitan a sus alumnos a tomar el té en su casa. En el King William, nada es más cool que pertenecer al consejo de redacción del periódico escolar.

La novela es muy entretenida y está escrita con sentido del humor. A la vez, tiene una lectura más seria que te permite echar un vistazo a la Inglaterra previa a la Thatcher: el IRA, las bombas, los sindicatos como actor
 político de primer nivel y las huelgas paralizando el país.

jueves, 2 de agosto de 2018

Plataforma, Michel Houellebecq


Las novelas anteriores de Houellebecq se pueden entender como algo parecido una simulación. Es decir, el autor define a sus protagonistas y el escenario en el que se mueven y, después, les da vida. Ocurren cosas, pero no es lo importante. En cierto modo, son historias sin principio ni final.

Plataforma es diferente. Además, es la más floja hasta el momento.

Estamos ante una historia clásica, en el sentido de aquello tan antiguo de planteamiento, nudo y desenlace. Michel es un triste funcionario del Ministerio de Cultura que, en torno a la cuarentena, deja pasar la vida sin pena ni gloria. No friends. No wife. No children. No pets. No girlfriend.

De manera inesperada y repentia, el padre de Michel muere y Michel queda un poco desubicado. Decide tomar vacaciones y hacer un viaje. Sin objetivo claro... acaba en Tailandia.

Allí pasan los días, esquivando a sus compañeros de viaje, bebiendo cócteles y visitando lupanares. Todo ello sin entusiasmo ninguno y en medio de la tristeza y la desgana habituales en los personajes de Houellebecq.

Una vez en París decide a llamar a Valerie, una de las compañeras del viaje, por la que se sintió atraído, en cierto modo, aunque no se atrevió a intentar ningún acercamiento. Aquí en París las cosas funcionan. Michel y Valerie se enredan en una historia tan apasionada como gratificante para ambos.

Hasta aquí nada del otro mundo. Pero resulta que Valerie es ejecutiva de una empresa de servicios turísticos que está intentando reflotar una docena de complejos hoteleros repartidos por todo el mundo. Y Michel, tan libertino como amoral, propone reorientarlos como santuarios de relax sensual. Obviamente, tras este eufemismo se esconde el turismo sexual.

Hasta aquí, planteamiento y nudo. Del desenlace nada contaré. Sí puedo decir que pocas veces un giro argumental en una novela me ha provocado un impacto tan grande como este.

En general, creo que la novela flojea por varios motivos. El abuso de las descripciones sexuales explícitas es uno de ellos. El argumento no da de si demasiado, es otro.

Y donde Houellebecq brilla, como siempre, es en la creación de sus personajes perdidos, desorientados, neuróticos y frustrados. Tan humanos en sus ansias y preocupaciones y tan deshumanizados en sus modos de vida.

lunes, 25 de diciembre de 2017

Huye rápido, vete lejos, Fred Vargas

Otra aventura de Aadamsberg.

En París aparecen cuatros pintados en las puertas de las casas. Al poco, aparecen muertos. Peste. La noticia se divulga con rapidez. Aparece el caos.

Entre tanto, Adamsberg, desolado por la huida de Camille, debe hacer frente al asesino.

Gran novela. Todo lo grande que puede ser una novela de género.

Una historia original, siempre ligeramente tiznada de algo extraño, esotérico, oscuro, más o menos antropológico, y unos maravillosos personajes secundarios. Este y no otro es el secreto del éxito de Vargas.

Insisto en los secundarios. En todas sus novelas aparecen dos o tres personajes memorables. Aquí también.
Por nombrar un par: Le Guen, el pregonero exmarino y Decambrais el viejo sabio que ha leído todo lo que se ha escrito en la lengua en la que se ha escrito, 

miércoles, 28 de septiembre de 2016

Píldoras azules, Frederik Peeters

Historia intimista e introspectiva.

Dibujo enérgico, expresivo y esquemático.

Ambiente onírico e íntimo.

Vale la pena.

sábado, 16 de julio de 2016

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo, Haruki Murakami

Murakami es uno de los grandes de la literatura. Grande en ventas, grande en prestigio entre los críticos, grande en reconocimiento por los lectores. Uno de los eternos candidatos al nobel, junto a Pynchon, Roth y algún otro.

Hace tiempo que tenía ganas de leer algo de Murakami, aún presintiendo que mi entusiasmo iba a ser limitado. Pero los devotos, tenemos un precio que pagar. La renuncia no nos está permitida.

Y yo, devoto total de la novela como primordial  elemento configurador del mundo artístico, ideológico y ético del sapiens sapiens, soy capaz de zamparme más de 800 páginas de Murakami, aún presintiendo la decepción.

Y para ello voy a una de sus novelas más grandes. También más ambiciosa y más difícil. Crónica del pájaro que da cuerda al mundo.

Bueno, estamos en verano y tampoco tengo mucho que hacer...

El argumento se podría resumir como sigue: en un momento determinado, la desaparición de Noburu Wataya, el gato, y de Kumiko, la esposa, marcan el inicio de una serie de sucesos más o menos enigmáticos e inesperados en la vida del protagonista, Turu Okada. Poco a poco iremos asistiendo a la presencia de diversos personajes, de lo más extraños, que mantienen relaciones, de lo más variopinto con el protagonista, su historia y la realidad. La narración avanza impulsada por la búsqueda de Kumiko, de manera tortuosa y psicotrópica.

La literatura de Murakami en ocasiones tiene un aire entre onírico y alucinatorio, que en esta novela, se lleva a su grado más alto. Disfrutar de la Crónica... exige dejar en segundo plano la historia principal, abandonarse a la eficaz prosa de Murakami y fantasar con el carácter fuertemente simbólico de algunos de los pasajes de la novela.

Yo no lo consigo. He terminado la novela, y reconozco la maestría de Murakami para contar historias, pero su mundo, muy oriental, enigmático y simbólico, no es el mio.

En cambio, he disfrutado mucho las pequeñas narraciones del teniente Mamiya, que se intercalan de vez en cunado y en las que Murakami, a mi modesto entender, alcanza su máxima altura.



domingo, 14 de febrero de 2016

Las correcciones, Jonathan Franzen

 

Alfred, jubilado, con parkinson, dominante e insatisfecho.


Enid, su esposa, a la que la envidia y su obsesión por las apariencias la hacen muy infeliz.


Gary, el hijo mayor, enredado en un matrimonio tóxico con Caroline y en una paternidad no menos tóxica con Jonah, Caleb y Aaaron, disfrutando de dinero, prestigio y posición. Su deseo de dominio y su odio le amargan la existencia.


Nadine, la hija mediana, cocinera de éxito, aunque su inestabilidad afectiva la hace ir a la deriva. Pese a ello, es el único núcleo estabilizador de la familia.


Chip, inmaduro, aventurero, inconstante, adorado por su padre e incomprendido por el resto de la familia.


Estos son los personajes.


Y el tema? La obsesión por las correcciones domina, pero hay algo más. Quizá el sentimiento de fracaso y un cierto nihilismo rodeado de éxito profesional y financiero.


Y tristeza, mucha tristeza. Y un estilo narrativo, divertido y ágil. Y un sentido del humor muy irónico. Mejor que irónico, mordaz.


Lúcida y dramática aproximación al Parkinson. Es inevitable sufrir con Alfred ese viaje hacia la nada.


Y por aquí y por allá, elementos propios de norteamérica: la dispersión familiar, la dificultad para afrontar jubilaciones y gastos médicos, adicciones, el vecindario y su importancia, al vida en las flatcities, la correccion politica,...


Novela grande, grande, grande..