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jueves, 15 de octubre de 2020

Café Budapest, Alfonso Zapico

Alfonso Zapico es un gran dibujante. Y sus novelas gráficas suelen ser gratas de leer.

En este caso, estamos ante una temática poco habitual en autores españoles.

Estamos en Budapest, 1947. El joven judío Yechezkel, acompañado por su madre, malvive de su violín. Ambos, tras recibir una carta de su tío desde Palestina, deciden cambiar de aires, abandonar todo y buscar una vida mejor.

Una vez en Palestina, las cosas no son fáciles. Los británicos están a punto de salir definitivamente de allí, y la difícil convivencia entre judíos y árabes se ve amenazada.

Poco a poco, todo se complica. Y aparece el amor, que todo lo ilumina.

Una historia un poco blandita, pero muy agradable de leer. Además, expresada por medio de unos hermosos dibujos. 

Se echa en falta algo de color en la expresión gráfica.

viernes, 1 de febrero de 2019

La balada del norte, Alfonso Zapico


Hay que estar muy seguro de tus fuerzas para abordar un proyecto tan difícil, arriesgado y polémico como La balada del norte en los tiempos que corren. En torno a pocos acontecimientos del pasado reciente de España se percibe tanta polarización como en torno a la insurrección asturiana del 34: revolución popular para unos y golpe de estado para otros. Lo mismo se puede decir respecto
al final del episodio: represión brutal para unos, restablecimiento del orden constitucional para otros.

El historietista asturiano Zapico se ha atrevido, y en forma de novela gráfica en tres hermosos tomos, inconclusa todavía.

Bonito dibujo en blanco y negro. Pero le falta literatura. Y sí, ya se que no es una novela, que es una novela gráfica. Aún así, creo que Zapico hace descansar la historia en demasía sobre el elemento gráfico.

Y en cuanto al enfoque histórico, aunque no lo conozco apenas, parece huir de maniqueísmos fáciles. Ya veremos el desenlace en el tercer tomo, todavía no publicado.

jueves, 14 de septiembre de 2017

Dublinés, Alfonso Zapico

La vida de los grandes casi siempre es interesante. En este caso estamos ante James Joyce.

Casi  nunca la excelencia artística camina junto a la excelencia humana. Joyce es un caso parádigmático.

Irresponsable, juerguista, dipsómano, obsesivo. Desde luego, Nora Barnacle, su compañera durante varias décadas, se ganó el cielo.

También, como casi siempre, para el genio es difícil ganarse la vida. En el caso de Joyce, dando clases, de un lugar a otro, siempre con apuros económicos.

El genio, siempre hace difícil la vida a los que están alrededor. Siempre necesita de su determinación y de su obsesión creativa para vencer los obstáculos y parir su obra.

En cuanto a los aspectos técnicos de la obra, nada destacable. Quizá hubiera ganado con un poco de color.