Continúo con la trilogía transilvana.
En este segundo volumen la narración gana en intensidad e interés.
Laszlo continua su cuesta abajo y poco a poco va desapareciendo del foco de Banffy que se fija cada vez más en Balint y Adrienne.
Balint sigue sigue viviendo dividido entre el gran mundo político de Budapest y el pequeño mundo aristocrático y rural de transilvania, ocupandose de la gestión de las propiedades de su familia. Y por supuesto, viviendo con creciente intensidad y compromiso su renovada historia de amor con Adrienne.
Adrienne está convencida de no poder seguir adelante. No puede renunciar a Balint, pero su honor no le permite abandonar a Uzdy. El lector se teme lo peor cuando en Venecia, durante unas breves semanas, Balint conseguirá involucrar a Ady en una común conjura para utilizar la pasión como antídoto de la muerte.
Más adelante, la relación se volverá romper y Balint volverá presionar. Ady sufre pero no se decide.
Mientras tanto la situación política, nacional e internacional, no deja de hacerse más difícil: la anexión de Bosnia, las crisis Turcas, la creciente tensión en los Balcanes... La primera guerra mundial se acerca, pero casi nadie la ve venir...
Si en la primera novela la naturaleza tenía una importancia secundaria frente a la vida social, en esta segunda se invierten los términos. Y es que Balint, para dar un poco de sentido a su vida decide involucrarse en la gestión de las propiedades familiares.
La zona en la que está afincada la familia Abady es rica en bosques y su explotación será la principal fuente de las rentas de dicha familia. Así que Balint pasa las semanas viajando a caballo por las profundidades de los abetales transilvanos, acampando en los prados y lavándose en los arroyos, evitando a los osos pardos, siempre acompañado de mayorales y guardabosques.
Con seguridad, a Banffy le gustaba la naturaleza. Eso se nota en las maravillosas descripciones de los bosques y las montañas, de su silencio, su fuerza y su inconmensurable belleza.
jueves, 16 de enero de 2020
viernes, 20 de diciembre de 2019
Los días contados (Trilogía Transilvana I), Miklos Banffy
Miklos Banffy fue un importante político, diplomático y escritor húngaro que vivió a caballo entre los siglos XIX y XX. Por ello, es un punto de partida interesante para aprender algo acerca de ese extraño y complejo engendro político que fue el Imperio Austrohúngaro, también conocido como la Monarquía Dual, que desempeñó un papel clave en la política europea hasta la Gran Guerra.
Entre 1930 y 1940 Banffy publicó varias novelas, tres de las cuales, Los días contados, Las almas juzgadas y El reino dividido, conocidas como la Trilogía Transilvana, convirtieron a su autor en un escritor de prestigio en centroeuropa.
Los días contados es la primera de la tres novelas.
La acción de Los días contados se desarrolla en 1908 y la narración se mueve bajo diferentes focos, quizá de un modo demasiado brusco.
Por un lado tenemos a Balint Abady, conde y diplomático, todavía joven, que tras volver de un destino extranjero, es elegido diputado en el parlamento de Budapest.
Con él asistimos a las continuas tensiones entre Viena y Budapest, pero también entre Budapest y Transilvania, así como a las sucesivas crisis de gobierno, a los eternos conflictos políticos, tanto con las minorías nacionales de Hungría (rumanos, bosnios, serbios, croatas...) como con Austria y el emperador. Pero Balint es transilvano y vuelve a sus propiedades cuando no hay actividad parlamentaria, que es la mayoría del tiempo.
En Transilvania, Balint asiste a bailes y cacerías, y se reencuentra con Adrienne Miloth, antiguo amor ya casada con el tiránico Uzdy.
El otro gran protagonista de esta novela es Laszlo Gyeroffy, también conde, huerfano y primo de Balint. Laszlo no ha hecho carrera profesional y es un crápula devoto de las juergas y el juego.
Y en torno a estos y otros muchos personajes secundarios se teje la urdimbre de esta interesante novela.
Uno de los puntos fuertes de la narración es la gran capacidad de Banffy para transmitir la esencia de un mundo, a caballo entre oriente y occidente, muy diferente al nuestro, con sensibilidad, estilo y una muy elegante sensualidad.
Entre los puntos débiles se puede hablar de la abundancia de personajes secundarios que parecen no ser meras comparsas pero no aparecen con la continuidad necesaria.
Y es que, hasta cierto punto, Los días contados es una novela coral.
Voy a por la segunda...
Entre 1930 y 1940 Banffy publicó varias novelas, tres de las cuales, Los días contados, Las almas juzgadas y El reino dividido, conocidas como la Trilogía Transilvana, convirtieron a su autor en un escritor de prestigio en centroeuropa.
Los días contados es la primera de la tres novelas.
La acción de Los días contados se desarrolla en 1908 y la narración se mueve bajo diferentes focos, quizá de un modo demasiado brusco.
Por un lado tenemos a Balint Abady, conde y diplomático, todavía joven, que tras volver de un destino extranjero, es elegido diputado en el parlamento de Budapest.
Con él asistimos a las continuas tensiones entre Viena y Budapest, pero también entre Budapest y Transilvania, así como a las sucesivas crisis de gobierno, a los eternos conflictos políticos, tanto con las minorías nacionales de Hungría (rumanos, bosnios, serbios, croatas...) como con Austria y el emperador. Pero Balint es transilvano y vuelve a sus propiedades cuando no hay actividad parlamentaria, que es la mayoría del tiempo.
En Transilvania, Balint asiste a bailes y cacerías, y se reencuentra con Adrienne Miloth, antiguo amor ya casada con el tiránico Uzdy.
El otro gran protagonista de esta novela es Laszlo Gyeroffy, también conde, huerfano y primo de Balint. Laszlo no ha hecho carrera profesional y es un crápula devoto de las juergas y el juego.
Y en torno a estos y otros muchos personajes secundarios se teje la urdimbre de esta interesante novela.
Uno de los puntos fuertes de la narración es la gran capacidad de Banffy para transmitir la esencia de un mundo, a caballo entre oriente y occidente, muy diferente al nuestro, con sensibilidad, estilo y una muy elegante sensualidad.
Entre los puntos débiles se puede hablar de la abundancia de personajes secundarios que parecen no ser meras comparsas pero no aparecen con la continuidad necesaria.
Y es que, hasta cierto punto, Los días contados es una novela coral.
Voy a por la segunda...
lunes, 2 de diciembre de 2019
Factotum, Charles Bukowski
Segunda novela de Bukowski, publicada en 1975.
En otros tiempos leí mucho a Bukowski, aunque últimamente no lo frecuento. Quizá sea el momento de dedicarle unas líneas.
Charles Bukowski fue un poeta y novelista norteamericano nacido en el periodo de entreguerras en Alemania, aunque a los pocos años su familia emigró a EEUU.
Como tantos otros, la infancia del joven Bukowski estuvo marcada por un padre violento, una familia desestructurada, la penuria económica, el desarraigo social y el alcoholismo. Quizá por ello, como tantos otros, Bukowski encontró refugio en diversas actividades más o menos autodestructivas: el alcohol, el juego o las apuestas. Pero a diferencia de los demás, Bukowski tenía algo que lo hacía único: la pasión por la escritura.
Eso no le salvo, desde luego, de llevar una vida difícil, pero al menos pudo disfrutar sin freno de algunas cosas que, si bien no suelen solucionar ningún problema, y menos aquellos que quien tiene no quiere resolver, al menos le alegraban la existencia: fama, dinero y sexo.
Bukowski escribió montones de novelas, relatos cortos y poesía. Con el paso de las décadas se convirtió en personaje de culto y uno de los máximos exponentes de eso que se ha llamado realismo sucio.
¿Que podríamos decir de su prosa? Es ágil, directa, obscena y violenta. Técnicamente poco sofisticada, pero precisa, sin concesiones. Utilizando una muy manida metáfora diríamos que Bukowski escribía a puñetazos.
¿Y que decir de sus temas? Limitados, pero de interés para muchos seres humanos: el sexo, el alcohol, el juego, el amor y el vacío existencial.
En esta novela autobiográfica, Henry Chinaski, alter ego de Bukowski, malvive en las cercanías de Los Ángeles. De pensión de mala muerte en pensión de mala muerte, de trabajo de mierda en trabajo de mierda, de borrachera en borrachera, de mujer autodestructiva en mujer autodestructiva... Escribiendo relatos que las editoriales rechazan sin piedad.
En otros tiempos leí mucho a Bukowski, aunque últimamente no lo frecuento. Quizá sea el momento de dedicarle unas líneas.
Charles Bukowski fue un poeta y novelista norteamericano nacido en el periodo de entreguerras en Alemania, aunque a los pocos años su familia emigró a EEUU.
Como tantos otros, la infancia del joven Bukowski estuvo marcada por un padre violento, una familia desestructurada, la penuria económica, el desarraigo social y el alcoholismo. Quizá por ello, como tantos otros, Bukowski encontró refugio en diversas actividades más o menos autodestructivas: el alcohol, el juego o las apuestas. Pero a diferencia de los demás, Bukowski tenía algo que lo hacía único: la pasión por la escritura.
Eso no le salvo, desde luego, de llevar una vida difícil, pero al menos pudo disfrutar sin freno de algunas cosas que, si bien no suelen solucionar ningún problema, y menos aquellos que quien tiene no quiere resolver, al menos le alegraban la existencia: fama, dinero y sexo.
Bukowski escribió montones de novelas, relatos cortos y poesía. Con el paso de las décadas se convirtió en personaje de culto y uno de los máximos exponentes de eso que se ha llamado realismo sucio.
¿Que podríamos decir de su prosa? Es ágil, directa, obscena y violenta. Técnicamente poco sofisticada, pero precisa, sin concesiones. Utilizando una muy manida metáfora diríamos que Bukowski escribía a puñetazos.
¿Y que decir de sus temas? Limitados, pero de interés para muchos seres humanos: el sexo, el alcohol, el juego, el amor y el vacío existencial.
En esta novela autobiográfica, Henry Chinaski, alter ego de Bukowski, malvive en las cercanías de Los Ángeles. De pensión de mala muerte en pensión de mala muerte, de trabajo de mierda en trabajo de mierda, de borrachera en borrachera, de mujer autodestructiva en mujer autodestructiva... Escribiendo relatos que las editoriales rechazan sin piedad.
domingo, 1 de diciembre de 2019
Carlos V, Manuel Fernández Álvarez
Magnífica biografía del emperador Carlos V. Tercera de la serie, tras las de Isabel la Católica y Juana la Loca. Larga y muy bien documentada.
No es una biografía política, sino personal. Por eso, en ocasiones se hace difícil integrar la narración en el devenir histórico de los hechos.
A cambio, tras la lectura, nos parece que hemos acompañado a Carlos desde las brumas norteñas de su infancia a la austera reclusión de Yuste.
Carlos V es la auténtica especialidad de MFA. De hecho, el libro comienza con un repaso superficial a la bibliografía existente sobre Carlos y su época. Al respecto, la erudición de MFA es apabullante.
Si tengo que destacar algo de la persona, al fin y al cabo de ello va la obra, será la admirable profesionalidad del gobernante, manifiesta en los constantes viajes por toda la Europa que Carlos hizo a lo largo de toda su vida, con el único objeto de conocer de primera mano lo que ocurría en el Imperio. Bien es sabido que cruzar Europa en el siglo XVI era duro e incómodo, amén de peligroso, incluso para el Emperador.
No es una biografía política, sino personal. Por eso, en ocasiones se hace difícil integrar la narración en el devenir histórico de los hechos.
A cambio, tras la lectura, nos parece que hemos acompañado a Carlos desde las brumas norteñas de su infancia a la austera reclusión de Yuste.
Carlos V es la auténtica especialidad de MFA. De hecho, el libro comienza con un repaso superficial a la bibliografía existente sobre Carlos y su época. Al respecto, la erudición de MFA es apabullante.
Si tengo que destacar algo de la persona, al fin y al cabo de ello va la obra, será la admirable profesionalidad del gobernante, manifiesta en los constantes viajes por toda la Europa que Carlos hizo a lo largo de toda su vida, con el único objeto de conocer de primera mano lo que ocurría en el Imperio. Bien es sabido que cruzar Europa en el siglo XVI era duro e incómodo, amén de peligroso, incluso para el Emperador.
lunes, 25 de noviembre de 2019
La chica del tambor, John Le Carré
Una de las novelas más famosas de John Le Carré, de actualidad gracias a la reciente y muy buena miniserie de televisión.
El argumento, visto dede nuestros días, resulta entrañablemente ochentero...: Beirut, el terrorismo palestino, los radicales de la izquierda europea...
Todo ha cambiado mucho, pero a la vez todo sigue igual.
Khalil es un terrorista palestino que está aterrorizando a Alemania. Charlie es una actriz inglesa, joven, guapa, idealista, radical y completamente desarraigada. Kurtz es un jefe de operaciones de la inteligencia judía, que maneja sus piezas con la inteligencia de un jugador de ajedrez y la sutileza de un fino artesano.
Kurtz y su equipo abordarán a Charlie y mediante una sofisticada estratagema la reclutaran para la causa judía. Su objetivo será infiltrarse en la red de Khalil hasta conseguir que éste se ponga en contacto con ella, de manera que el terrorista sea localizado y neutralizado por los servicios secretos israelitas.
La trama es muy compleja, como todas las de Le Carré, y los personajes muy atractivos y creíbles.
La recreación de la escena londinense radical y antisemita resulta muy lograda.
Una de las grandes novelas de Le Carré.
El argumento, visto dede nuestros días, resulta entrañablemente ochentero...: Beirut, el terrorismo palestino, los radicales de la izquierda europea...
Todo ha cambiado mucho, pero a la vez todo sigue igual.
Khalil es un terrorista palestino que está aterrorizando a Alemania. Charlie es una actriz inglesa, joven, guapa, idealista, radical y completamente desarraigada. Kurtz es un jefe de operaciones de la inteligencia judía, que maneja sus piezas con la inteligencia de un jugador de ajedrez y la sutileza de un fino artesano.
Kurtz y su equipo abordarán a Charlie y mediante una sofisticada estratagema la reclutaran para la causa judía. Su objetivo será infiltrarse en la red de Khalil hasta conseguir que éste se ponga en contacto con ella, de manera que el terrorista sea localizado y neutralizado por los servicios secretos israelitas.
La trama es muy compleja, como todas las de Le Carré, y los personajes muy atractivos y creíbles.
La recreación de la escena londinense radical y antisemita resulta muy lograda.
Una de las grandes novelas de Le Carré.
miércoles, 20 de noviembre de 2019
El arte de volar, Kim (dibujo) y Antonio Altarriba (guión)
El 4 de mayo de 2001 Antonio Altarriba, padre del guionista, se suicidó arrojándose al vacio desde una ventana de la residencia geriátrica en la que residía.
A partir de aquí, a modo de homenaje póstumo, Antonio Altarriba escribe una narración de la vida de su padre, que al final verá la luz en forma de novela gráfica, con dibujos de Kim.
Ciertamente, Antonio Altarriba tuvo una vida difícil, intensa e interesante, que bien merece ser narrada.
Nacido en Peñaflor, agobiado por la estrechez vital de la vida en el pueblo, acabará intentando ganarse la vida en Zaragoza. Cuando se inicia la guerra civil se pasará al bando republicano.
Al final de la guerra, como anarquista militante, al ver su vida en peligro huye a Francia. Una vez al otro lado de los Pirineos, llevará una vida de fugitivo, entrando y saliendo de diferentes campos de internamiento, desempeñando diferentes trabajos en el campo, buscandose la vida en diferentes ciudades, pero siempre desbordado por un importante poso de tristeza e insatisfacción.
Ya en los 50, tras una larga y difícil asunción de la derrota militar, política y moral, Antonio vuelve a Zaragoza. Una vez aquí, comenzará a ganarse la vida en una fábrica de galletas, pero demasiado a la vera del poder falangista.
Después vendrán posteriores problemas económicos y familiares, divorcios, soledades y depresiones.
La narración es rica en matices, muy emotiva, además de mostrarnos cuán puta podía ser la vida en España hace solo algunas décadas.
En mi opinión, los dibujos de Kim, un poco infantiles y faltos de expresividad, no están a la altura del guión de Altarriba.
A partir de aquí, a modo de homenaje póstumo, Antonio Altarriba escribe una narración de la vida de su padre, que al final verá la luz en forma de novela gráfica, con dibujos de Kim.
Ciertamente, Antonio Altarriba tuvo una vida difícil, intensa e interesante, que bien merece ser narrada.
Nacido en Peñaflor, agobiado por la estrechez vital de la vida en el pueblo, acabará intentando ganarse la vida en Zaragoza. Cuando se inicia la guerra civil se pasará al bando republicano.
Al final de la guerra, como anarquista militante, al ver su vida en peligro huye a Francia. Una vez al otro lado de los Pirineos, llevará una vida de fugitivo, entrando y saliendo de diferentes campos de internamiento, desempeñando diferentes trabajos en el campo, buscandose la vida en diferentes ciudades, pero siempre desbordado por un importante poso de tristeza e insatisfacción.
Ya en los 50, tras una larga y difícil asunción de la derrota militar, política y moral, Antonio vuelve a Zaragoza. Una vez aquí, comenzará a ganarse la vida en una fábrica de galletas, pero demasiado a la vera del poder falangista.
Después vendrán posteriores problemas económicos y familiares, divorcios, soledades y depresiones.
La narración es rica en matices, muy emotiva, además de mostrarnos cuán puta podía ser la vida en España hace solo algunas décadas.
En mi opinión, los dibujos de Kim, un poco infantiles y faltos de expresividad, no están a la altura del guión de Altarriba.
martes, 12 de noviembre de 2019
El sexto hombre, Charles Cumming
Otra de espías.
Los grandes géneros nunca mueren. Periódicamente desfallecen, pero solo para resurgir en la pluma de nuevos autores que actualizan los clichés argumentales en los que se basa el género para hacerlos más atractivos a las nuevas generaciones de lectores y más afines a la actualidad política internacional.
Charles Cumming, es uno de estos nuevos autores.
Para los interesados en los espías y su mundo, pocas historias han despertado tanto entusiasmo como las que giran en torno a Los Cinco de Cambridge, ese quinteto de británicos inteligentes y distinguidos, más bolcheviques que el piolet de Ramón Mercader, que espiaron para la Madre Rusia desde el corazón de la inteligencia británica durante décadas: Blunt, Philby, Maclean, Burgess y Cairncross.
Cumming construye una entretenida novela especulando sobra la existencia de un sexto hombre en el Círculo de Cambridge.
Los grandes géneros nunca mueren. Periódicamente desfallecen, pero solo para resurgir en la pluma de nuevos autores que actualizan los clichés argumentales en los que se basa el género para hacerlos más atractivos a las nuevas generaciones de lectores y más afines a la actualidad política internacional.
Charles Cumming, es uno de estos nuevos autores.
Para los interesados en los espías y su mundo, pocas historias han despertado tanto entusiasmo como las que giran en torno a Los Cinco de Cambridge, ese quinteto de británicos inteligentes y distinguidos, más bolcheviques que el piolet de Ramón Mercader, que espiaron para la Madre Rusia desde el corazón de la inteligencia británica durante décadas: Blunt, Philby, Maclean, Burgess y Cairncross.
Cumming construye una entretenida novela especulando sobra la existencia de un sexto hombre en el Círculo de Cambridge.






