miércoles, 24 de junio de 2020

El nombre del mundo es bosque, Ursula K. Le Guin

Desde hace algunos años, mis bienintencionados intentos de volver a la ciencia ficción fracasan.

Ursula K. Le Guin es conocida por ser una de las pocas mujeres que escriben SF y, desde luego, de las primeras. Esta novela corta, muy entretenida, plantea el conflicto entre una sociedad depredadora y violenta, la humana, y una sociedad atrasada, no violenta y muy respetuosa con el medio natural.

De la narración parece desprenderse que, de forma natural e incontrovertible, el progreso está siempre vinculado con la opresión, la violencia y la depredación de los recursos naturales. 

Es fácil comprobar que si nos acercamos a la realidad con los adecuados marcos temporales y espaciales, vemos lo contrario.

Rousseau en estado puro.


miércoles, 3 de junio de 2020

El tambor de hojalata, Gunter Grass

Tercer intento. Pero siempre me siento derrotado. Se supone que El tambor de hojalata es una de las cumbres de la literatura europea de las últimas décadas, pero...

Es estilo de Grass es muy particular. Grass escarba en su memoria, rescata algunos de sus recuerdos, los engarza entre si, y los narra con brillantez y pretensión de verosimilitud.

El resultado es muy original, a ratos muy entretenido. La prosa es delicada, pero un amante del realismo literario echa a faltar cohesión y solidez.

Aún así, no seré yo el que diga algo feo de la obra de este premio Nobel.

lunes, 25 de mayo de 2020

El topo, Stella Rimington

La leí hace ya unos meses, así que no recuerdo los detalles. Sí que recuerdo que es una novela entretenida y bien escrita por alguien que conoce el espionaje británico desde dentro.

Vamos, como la otra.

viernes, 15 de mayo de 2020

La última película, Larry McMurtry

Andaba yo buscando algo para leer. No encontraba nada que me interesase lo suficiente. Y entonces di con esta hermosa portada. Lo abrí, me puse con el, y en pocas páginas estaba sumergido en la vida de Thalia.

Thalia es una pequeña comunidad del estado de Texas, en medio de ninguna parte. En Thalia nunca pasa nada. La vida se estanca entre los billares, la cafetería y el cine.

El tema de la novela es el tedio, el desamparo y la soledad. Pero la novela no es tediosa. Disfrutaremos de unos cuantos protagonistas interesantes.

Por ejemplo, Duane y Sonny, adolescentes que finalizan el instituto y se ven arrojados a la inhóspita vida adulta en Thalia. O Jacy, amiga de Duane y de Sonny, confundida por sus ilusiones y sus sueños. O el entrenador Popper, tiránico y todopoderoso. O Ruth, la insatisfecha esposa del entrenador. Y, por su puesto, Thalia, la estrella de la novela.


miércoles, 6 de mayo de 2020

Crematorio, Rafael Chirbes

Hace varios años leí la magnífica En la orilla. Luego, en un par de ocasiones, empecé Crematorio, pero no era el momento.

Estas difíciles semanas coronavíricas sí han sido el momento.

Estamos ante una novela ambiciosa y de gran complejidad técnica. Por eso es necesario dedicarle tiempo, sobre todo al principio, ya que si no le coges el punto, la novela se te escapa.

Matías acaba de morir en su casa, en algún lugar del levante español. A partir de aquí asistiremos a los relatos, en primerísima persona, de diferentes personajes relacionados con el muerto y, sobre todo, con su hermano Rubén, sus vidas, y sus obras. Cada capítulo está dedicado a los monólogos interiores de cada uno de éstos personajes. De esta manera, entre todos, se ponen sobre la mesa las piezas del puzle, para que el lector las vaya encajando, poco a poco, y componga el rico retrato de un lugar muy concreto tanto en lo temporal, los 80-90-00, como espacial, el litoral levantino español.

El centro de masa del relato no es el muerto, Matías, un poco artista, otro poco ecologista y bastante lunático. El auténtico centro es Rubén, un don nadie que con mucho trabajo y bastante mafia, consigue poner en valor los pobres terrenos de la familia y covertirse en un constructor prototípicamente rico y tan despreciado como envidiado.

Con facilidad se podría hacer una lectura política de la novela, según la cual Chirbes pone ante el espejo un modo de vida en el que el capital devora la naturaleza y condena a la gente a la pobreza.

Hay otra lectura alternativa, según la cual el hombre, con su talento, su esfuerzo y su iniciativa, somete la naturaleza para crear riqueza y mejorar la vida de la gente.

En algún punto intermedio podremos sentir el rico aroma que la adecuada interpretación de los hechos emite: sin duda una porción del tesoro natural levantino ha sido destruido, pero no ha sido por nada. A cambio, se ha obtenido y repartido una cantidad de riqueza, de confort y de progreso que de otra manera, no hubiera estado al alcance de la gente.

En cualquier caso, interpretaciones políticas aparte, una gran novela de un gran escritor.

domingo, 26 de abril de 2020

Bailén, Benito Pérez Galdós

Gabriel sigue sus desventuras, siempre en pos de su amada Inés. En este caso al sur de Despeñaperros.

Y a nuestro pequeño héroe le alcanzará la Historia con mayúsculas en Bailén. Allí, como es bien sabido, en 1808 sufrirá el ejército napoleónico su primera derrota en campo abierto.

El de Gabriel e Inés es un folletín menor sin mayor trascendencia. La novela solo alcanza intensidad en los momentos puramente bélicos.

Para un lector del siglo XXI, es sorprendente el ardor guerrero, la valentía y el olvido del interés personal con el que los protagonistas se desenvuelven en el horror de la batalla. No debe olvidarse de que estamos ante una novela realista.

¿Es posible que en algún momento el patrotismo auténtico fuera una virtud tan habitual entre nosotros?

viernes, 17 de abril de 2020

Justine o los infortunios de la virtud, Marqués de Sade

El marqués de Sade escribió sus novelas en las últimas décadas del siglo XVIII. Normalmente, las novelas que más me gustan pertenecen al siglo siguiente, pero Sade ha pasado a la historia, así que pensé que valía la pena dedicarle unas horas.

Yo relacionaba el nombre de este aristócrata francés, que paso preso media vida y que era uno de los pocos presos que había en la Bastilla, al menos un par de semanas antes del inicio de la revolución, con la literatura erótica.

Pero la lectura de su Justine o los infortunios de la virtud me ha sorprendido.

Justine es una pobre muchacha que con apenas 12 años queda huérfana y para salir adelante se apoya en su único sostén: una fe religiosa inquebrantable y un compromiso con la virtud no menos sólido.

La narración nos permite acompañar a Justine a lo largo de varios años en sus múltiples desventuras en compañía de los personajes más despreciables que se pueda imaginar.

Pero desde luego, Justine no es una novela erótica, ya que su autor no perseguía ese fin. Me atrevo a afirmar que Justine es una novela filosófica. Y, cómo no, sádica, aunque ese adjetivo no existía cuando monsieur Guillotin estaba perfeccionando su invento.

A lo largo de sus páginas asistimos a larguísimas y reiteradísimas argumentaciones en las que Justine, pese a sus insoportables infortunios, defiende la necesidad de ser virtuosa, mientras que sus opresores, abusadores y explotadores, de ambos sexos, defienden la inutilidad de la virtud y la utilidad práctica del perseguir el máximo placer sin reparos éticos o morales, a la manera de un proto-superhombre nietzscheano.

Cuando Justine no está discutiendo con alguien acerca de Dios, la fe, la bondad y la virtud, está esposada, atada o encadenada, siendo azotada, mordida o golpeada y sometida a todo tipo de abusos sexuales y no sexuales. Además, todo ello se describe de manera que calificaría de ni-explicita-ni-no-explicita. Es decir, Sade explica con claridad  y detenimiento las acciones que tienen a Justine como víctima, pero nunca utiliza los sustantivos que identifican cada una de las partes concretas del cuerpo, por lo que la lectura requiere gran atención y no menos imaginación para intentar descifrar que está ocurriendo.

Tras la lectura, se me plantean las siguientes preguntas: ¿cual es el propósito de Sade al escribir esta novela? provocar? ¿hacer propaganda de una manera de vivir completamente amoral? ¿Denunciar que con frecuencia el mal triunfa?