Tercera y última parte de VVCR. El Hecho biológico se va imponiendo y los grandes inspiradores de esta macronovela van, poco a poco, muriendo: Cristina Oianindia, Ella, Camilo Baskardo y Roque Altube.
Mientras tanto, Asier Altube y sus amigos atraviesan las décadas más oscuras del franquismo en medio una represión que les va empujando, o al menos así lo sienten ellos, hacia posiciones radicales que acabarán, hacia el final de la novela, abrazando las tesis etarras, tanto en medios como en fines.
Gran novela, como las tres anteriores, aunque las últimas páginas se me han hecho un poco largas.
He percibido en la narración una inequívoca proximidad hacia la utilización de la violencia para obtener fines políticos de otra manera inaccesibles. Al menos, cuando Asier Altube y sus amigos piensan de esta manera, no hay ningún contrapunto a sus opiniones. ¿Estamos antes las opiniones del autor o simplemente ante una muy creíble creación literaria?
Una vez finalizada la trilogía, sin animo de ser exhaustivo, anotaré algunas ideas:
0. Imposible exagerar la ambición del autor y la brillantez literaria que en ocasiones alcanza.
1. Su gran tamaño, casi 3000 páginas, hace inevitable la presencia de altibajos
2. Obra valiosísima para comprender la idea que los vascos tienen de si mismos, de su tierra y de su relevancia política e histórica
3. Obra igualmente valiosa para comprender la naturaleza política del PNV y el papel que desempeña en la sociedad vasca
5. Pinilla inventa el realismo mágico a la vasca. Y el invento vale la pena.
martes, 1 de octubre de 2019
martes, 17 de septiembre de 2019
Los cuerpos desnudos (Verdes valles, colinas rojas, II), Ramiro Pinilla
Segunda parte de Verdes valles, colinas rojas. Mejor, incluso, que la primera.
Josafat, Fabiola y Moisés llevan hasta el límite su locura nihilista, así que Cristina se ve obligada a desterrarlos a un lugar donde pasen desapercibidos y no escandalicen a la bienpensante y tradicional sociedad vasca.
En Oiarzena podrán vivir su vida de manera libre y ajena a convencionalismos, entre el desenfreno sexual y la locura.
Al fondo, Roque Altube, esencia del vasco determinado, serio y trabajador, que tras aparecer en la primera novela y protagonizar una maravillosa mini novela dentro de la novela, la de Isidora, la huelga, la silla y el parto, va acaparando protagonismo en este segundo volumen.
Esta novela alcanza hasta el final de guerra civil en el País Vasco en el año 37. Y es que cuando estalla la guerra, el PNV duda entre apoyar a Franco, católico y gente de orden al fin y al cabo aunque centralista y contrario a los fueros, o mantenerse fiel a la república, furibúndamente anticatólica e inestable pero favorable a la autonomía vasca. Al final, el PNV y el gobierno de la república llegarán a un acuerdo: la república concede el estatuto de autonomía y el PNV se pondrá de su lado.
Pero cuando en el 37 cae Bilbao, tras el resto del País Vasco, el PNV, que había peleado junto a anarquistas, comunistas y socialistas contra Franco, se rinde a éste y abandona a sus socios. ! Que pintaban ellos, los vascos, muriendo por Cantabria o por Asturias ¡. Al fin y al cabo la suerte empezaba a estar echada y nada les impedía hacer de la necesidad virtud y seguir progresando con Franco como lo habían hecho antes con la república.
Total, que la segunda parte de la novela relata los últimos meses de guerra en los montes vascos, ya perdida Álava, desde el principio, y Guipúzcoa, después, y terminará con el hermoso relato de la huida por mar y en el ultimo momento, de Flora, nieta no reconocida de Roque, embarazada, a Francia para salvar la vida, ya que la represión con los anarquistas iba a ser realmente dura.
Josafat, Fabiola y Moisés llevan hasta el límite su locura nihilista, así que Cristina se ve obligada a desterrarlos a un lugar donde pasen desapercibidos y no escandalicen a la bienpensante y tradicional sociedad vasca.
En Oiarzena podrán vivir su vida de manera libre y ajena a convencionalismos, entre el desenfreno sexual y la locura.
Al fondo, Roque Altube, esencia del vasco determinado, serio y trabajador, que tras aparecer en la primera novela y protagonizar una maravillosa mini novela dentro de la novela, la de Isidora, la huelga, la silla y el parto, va acaparando protagonismo en este segundo volumen.
Esta novela alcanza hasta el final de guerra civil en el País Vasco en el año 37. Y es que cuando estalla la guerra, el PNV duda entre apoyar a Franco, católico y gente de orden al fin y al cabo aunque centralista y contrario a los fueros, o mantenerse fiel a la república, furibúndamente anticatólica e inestable pero favorable a la autonomía vasca. Al final, el PNV y el gobierno de la república llegarán a un acuerdo: la república concede el estatuto de autonomía y el PNV se pondrá de su lado.
Pero cuando en el 37 cae Bilbao, tras el resto del País Vasco, el PNV, que había peleado junto a anarquistas, comunistas y socialistas contra Franco, se rinde a éste y abandona a sus socios. ! Que pintaban ellos, los vascos, muriendo por Cantabria o por Asturias ¡. Al fin y al cabo la suerte empezaba a estar echada y nada les impedía hacer de la necesidad virtud y seguir progresando con Franco como lo habían hecho antes con la república.
Total, que la segunda parte de la novela relata los últimos meses de guerra en los montes vascos, ya perdida Álava, desde el principio, y Guipúzcoa, después, y terminará con el hermoso relato de la huida por mar y en el ultimo momento, de Flora, nieta no reconocida de Roque, embarazada, a Francia para salvar la vida, ya que la represión con los anarquistas iba a ser realmente dura.
domingo, 25 de agosto de 2019
La tierra convulsa (Verdes valles, colinas rojas, I), Ramiro Pinilla
Otro libro difícil de reseñar. Eso suele ser buena señal.
Allá por el verano de 2015 di con una obra inclasificable: Antonio B. el ruso, ciudadano de tercera, de Ramiro Pinilla y este libro me llevó a interesarme por su autor.
Descubrí que Pinilla, muerto en 2014 con casi 90 años, fue un escritor vasco de gran talento, pero su afición por la marginalidad literaria y editorial, y cierto eremitismo, le impidió brillar como merecía. En cierto modo, su brillo póstumo está haciendo honor a su arte. Que es mucho y grande.
La obra maestra de Pinilla es la trilogía Verdes valles, colinas rojas. Ya leí su primer volumen, La tierra convulsa, en 2015, aunque no lo terminé.
Un libro que hace apenas 4 años, me pareció normalito, ahora me ha parecido soberbio. Es asombroso como cambiamos las personas.
Mantengo mi opinión acerca del excesivo tamaño del libro, pero la feraz imaginación del autor y su torrencial escritura no admiten restricciones. Ramiro Pinilla escribe así. Y punto.
Insisto en la idea central de la novela, construida sobre una continua contraposición, desde el título, verdes valles frente a colinas rojas, hasta la geografía de la narración, País Vasco frente a España, pasando por una larga lista de oposiciones: los hombres del hierro frente a los hombres de la tierra o el tradicionalismo frente a al progreso.
Fácilmente se percibe que todas estas oposiciones son manifestaciones de una única lucha: mantenerse en la seguridad de la esencia o afrontar el riesgo del cambio.
La historia está construida a partir de las miradas de varios de sus personajes y va avanzando en el tiempo, desde los 80 del siglo XIX hasta los 10 del siglo XX.
Por un lado, Cristina Oianindía, enfermizamente conservadora y tradicionalista, su marido, Camilo Baskardo, mirando a Madrid y pendiente de sus negocios y sus hijos, Josafat, Moises y Fabiola, desequilibrados y fuera de la realidad.
Por otro lado, Ella, llegada de no se sabe donde, y auténtico contrapoder de Cristina, que engendrará un hijo bastardo de Camilo, Efrén.
Desde el inicio de la lectura, los paralelismos con los mundos de Gabriel García Márquez me han parecido inevitables. Y es que Pinilla desarrolla una suerte de realismo mágico a la vasca. La misma compleja narración puramente realista aderezada con elementos más míticos que mágicos.
Seguiremos con Pinilla.
Allá por el verano de 2015 di con una obra inclasificable: Antonio B. el ruso, ciudadano de tercera, de Ramiro Pinilla y este libro me llevó a interesarme por su autor.
Descubrí que Pinilla, muerto en 2014 con casi 90 años, fue un escritor vasco de gran talento, pero su afición por la marginalidad literaria y editorial, y cierto eremitismo, le impidió brillar como merecía. En cierto modo, su brillo póstumo está haciendo honor a su arte. Que es mucho y grande.
La obra maestra de Pinilla es la trilogía Verdes valles, colinas rojas. Ya leí su primer volumen, La tierra convulsa, en 2015, aunque no lo terminé.
Un libro que hace apenas 4 años, me pareció normalito, ahora me ha parecido soberbio. Es asombroso como cambiamos las personas.
Mantengo mi opinión acerca del excesivo tamaño del libro, pero la feraz imaginación del autor y su torrencial escritura no admiten restricciones. Ramiro Pinilla escribe así. Y punto.
Insisto en la idea central de la novela, construida sobre una continua contraposición, desde el título, verdes valles frente a colinas rojas, hasta la geografía de la narración, País Vasco frente a España, pasando por una larga lista de oposiciones: los hombres del hierro frente a los hombres de la tierra o el tradicionalismo frente a al progreso.
Fácilmente se percibe que todas estas oposiciones son manifestaciones de una única lucha: mantenerse en la seguridad de la esencia o afrontar el riesgo del cambio.
La historia está construida a partir de las miradas de varios de sus personajes y va avanzando en el tiempo, desde los 80 del siglo XIX hasta los 10 del siglo XX.
Por un lado, Cristina Oianindía, enfermizamente conservadora y tradicionalista, su marido, Camilo Baskardo, mirando a Madrid y pendiente de sus negocios y sus hijos, Josafat, Moises y Fabiola, desequilibrados y fuera de la realidad.
Por otro lado, Ella, llegada de no se sabe donde, y auténtico contrapoder de Cristina, que engendrará un hijo bastardo de Camilo, Efrén.
Desde el inicio de la lectura, los paralelismos con los mundos de Gabriel García Márquez me han parecido inevitables. Y es que Pinilla desarrolla una suerte de realismo mágico a la vasca. La misma compleja narración puramente realista aderezada con elementos más míticos que mágicos.
Seguiremos con Pinilla.
sábado, 10 de agosto de 2019
One step behind, Henning Mankell
Otra historia de Wallander.
Tan enigmática y escabrosa as usual. Manteniendo el interés hasta el final.
Como siempre, un asesino anda suelto. Además, Sverdberg ha desaparecido.
Y Wallander, al borde de la cincuantena, en crisis. Enfermo, deprimido, no ha superado la ruptura con Baiba ni la muerte de su padre.
Tan enigmática y escabrosa as usual. Manteniendo el interés hasta el final.
Como siempre, un asesino anda suelto. Además, Sverdberg ha desaparecido.
Y Wallander, al borde de la cincuantena, en crisis. Enfermo, deprimido, no ha superado la ruptura con Baiba ni la muerte de su padre.
lunes, 5 de agosto de 2019
El Zorro, Frederick Forsyth
De vez en cuando una ración de Forsyth. Para desengrasar.
Adrian Weston, un viejo espía ya retirado, disfruta de su bien ganado confort material y espiritual.
En esto que los servicios de inteligencia descubren, con asombro y horror, que las más secretas bases de datos del país han sido hackeadas, aparentemente sin daño ni perdida de la integridad.
El culpable resulta ser Luke Jennings, un tipo de apenas 18 años, con síndrome de Asperger y más raro que un perro verde.
Ante la desagradable tarea de crujirlo ante los medios de comunicación y el juez, al gran Adrian Weston se le ocurre la idea de ganarse su confianza y utilizarlo para penetrar los cortafuegos de los enemigos geoestratégicos de la pérfida albión.
Tan entretenido y documentado como siempre. Además, pese a sus asombrosos 80 años, Frederick Forsyth consigue mantener actualializadas sus tramas de manera ejemplar.
La narración es muy ágil, a veces tanto que parece un esquema de algo más desarrollado que podría ser y no fue. Bastante breve, apenas 325 páginas.
Gran lectura de verano.
Adrian Weston, un viejo espía ya retirado, disfruta de su bien ganado confort material y espiritual.
En esto que los servicios de inteligencia descubren, con asombro y horror, que las más secretas bases de datos del país han sido hackeadas, aparentemente sin daño ni perdida de la integridad.
El culpable resulta ser Luke Jennings, un tipo de apenas 18 años, con síndrome de Asperger y más raro que un perro verde.
Ante la desagradable tarea de crujirlo ante los medios de comunicación y el juez, al gran Adrian Weston se le ocurre la idea de ganarse su confianza y utilizarlo para penetrar los cortafuegos de los enemigos geoestratégicos de la pérfida albión.
Tan entretenido y documentado como siempre. Además, pese a sus asombrosos 80 años, Frederick Forsyth consigue mantener actualializadas sus tramas de manera ejemplar.
La narración es muy ágil, a veces tanto que parece un esquema de algo más desarrollado que podría ser y no fue. Bastante breve, apenas 325 páginas.
Gran lectura de verano.
miércoles, 24 de julio de 2019
Come prima, Alfred
Bonita historia de reconciliación familiar en la Italia posterior a la 2ª guerra mundial.
Pero lo realmente valioso de esta novela gráfica es su parte gráfico: la expresividad de su dibujo y la maravillosa paleta cromática utilizada por el autor.
Imposible conseguir algo más mediterráneo y más evocador.
Pero lo realmente valioso de esta novela gráfica es su parte gráfico: la expresividad de su dibujo y la maravillosa paleta cromática utilizada por el autor.
Imposible conseguir algo más mediterráneo y más evocador.
viernes, 12 de julio de 2019
Voces de Chernobil, Svetlana Alexiévich
Hace un tiempo leí Los muchachos de zinc, de la recientemente nobelizada Alexiévich.
Me remito a lo que escribí en aquel momento acerca del singular camino elegido por la periodista bielorusa para abordar la realidad.
En aquel caso Afganistán. En este caso Chernobil. Igual de interesante. Igual de emotivo. Igual de impactante.
En relación a Chernobil, tan de moda ahora por la serie homónima, llama la atención que algunos puntos de vista, a mi juicio sorprendentes, son expresados con reiteración por los protagonistas.
Por ejemplo, su convencimiento de pertenecer a un gran país, un gran país que saldría victorioso, como siempre lo había hecho.
Por ejemplo su orgullo y su compromiso con el estado soviético. No con Rusia, sino con el comunismo y con el estado soviético.
Por ejemplo su estrecha vinculación con la tierra, el paso de las estaciones, los animales y las plantas y, por supuesto, los muertos.
Me remito a lo que escribí en aquel momento acerca del singular camino elegido por la periodista bielorusa para abordar la realidad.
En aquel caso Afganistán. En este caso Chernobil. Igual de interesante. Igual de emotivo. Igual de impactante.
En relación a Chernobil, tan de moda ahora por la serie homónima, llama la atención que algunos puntos de vista, a mi juicio sorprendentes, son expresados con reiteración por los protagonistas.
Por ejemplo, su convencimiento de pertenecer a un gran país, un gran país que saldría victorioso, como siempre lo había hecho.
Por ejemplo su orgullo y su compromiso con el estado soviético. No con Rusia, sino con el comunismo y con el estado soviético.
Por ejemplo su estrecha vinculación con la tierra, el paso de las estaciones, los animales y las plantas y, por supuesto, los muertos.






